Cucaracho

October 7, 2010  —  June 13, 2025

Con profunda tristeza y eterno amor despedimos a Chucaracho, nuestro querido Scottish Terrier, quien vivió 14 años llenos de ternura, aventuras, migajas y peditos legendarios.

Desde el primer día, nos enseñó a jugar a ser papás. Con su alma serena y equánime, nos hizo familia. Donde él estaba, había paz. Y donde no estaba, se le extrañaba. Era imposible conocerlo sin quererlo: amable, silencioso y observador. Dormía como un experto y caminaba con pasitos saltarines, amaba salir a leer mails (oler pipis ajenas), si nos descuidábamos uno que otro “snacks” que dejaban de gansos, y sin tenia mucha suerte se emocionaba como jovezuelo si veía una ardilla.
Roncaba profundo y aveces parecía que estaba en alguna aventura imaginaria, nos seguía a todas partes como rémora, y aunque no era fanático de los apapachos, siempre buscaba estar al lado, tocándonos con una trasero en señal de amor. Su presencia era compañía. Su rutina, consuelo.

Era el terror de las migajas y el rey de los gasitos letales. Tenía estilo, mucho estilo. Su madre le tenía un guardarropa digno de pasarela: camisas, suéteres, y su favorita —la sudadera de dinosaurio—, con la que conquistó todas las estaciones de New Jersey. Disfrutó del calor y la zamba brasileña, del crujir de las hojas en otoño, de la nieve en invierno, y de los viajes que intuía cada vez que Chris lo bañaba con cariño mientras le componia canciones, la obra mas brillante fue “oda a la popocha”.

Tenía gustos simples pero intensos: las zanahorias, las tostadas, sacar la cabeza por la ventana del auto. Sentarse como Igor, vivía como un sabio y aceptaba con elegancia cada etapa de su vida.

Hoy, en cada rincón de nuestra casa y en cada recuerdo, vive su espíritu. Chucaracho fue más que una mascota. Fue nuestro niño. Nuestro corazón con patas. Nuestro amor con bigotes.

Trasciende Amor, nuestro bebé eterno, nuestro Cucaracho. Fuiste perfecto

“Cucaracho wasn’t just a dog — he was family. To my sister and brother-in-law, he was like a son, always filling their home with love, laughter, and loyalty. His little paws brought joy that words can’t describe. We believe that souls filled with that much love don’t just disappear — Cucaracho will come back to this world as something beautiful, because that’s what he gave to all of us. Rest peacefully, dear Cucaracho. You will forever be missed and always remembered with love.”

— Elizabeth Saenz

Cucaracho es un alma vieja que además de lealtad, nos enseñó parsimonia, serenidad y paciencia.

Gracias Cucaracho

— Gerardo Diaz

¡Gran gusto concerted y coincidir querido cucaracho!
Sin duda un ejemplo de comportamiento y serenidad.
Nuestra casa siempre sera tu casa con mucho amor y lindos recuerdos.
Nosotros 🥰

— Irery, Paco y Joshua

Que vuele y siga siendo feliz

— Pedro

With deep sorrow and eternal love, we say goodbye to Chucaracho, our beloved Scottish Terrier, who lived 14 years filled with tenderness, adventures, crumbs, and legendary farts.

From the very first day, he taught us how to play at being parents. With his calm and steady soul, he made us a family. Wherever he was, there was peace. And wherever he wasn’t, he was missed. It was impossible to know him and not love him—gentle, quiet, and observant. He slept like a pro and walked with little springy steps. He loved going out to “read emails” (smell other dogs’ pee), occasionally snacked on a goose dropping if we weren’t watching, and if he got really lucky, would get as excited as a young pup at the sight of a squirrel.

He snored deeply, as if off on imaginary adventures, and followed us everywhere like a little remora. Though not a fan of cuddles, he always wanted to be right beside us, pressing his butt against us in a gesture of love. His presence was company. His routine, comfort.

He was the terror of crumbs and the king of lethal fart. He had style—so much style. His mom dressed him in a wardrobe worthy of the runway: shirts, sweaters, and his favorite—the dinosaur hoodie—with which he conquered every season in New Jersey. He enjoyed the heat and Brazilian samba, the crunch of autumn leaves, the winter snow, and the trips he always sensed were coming whenever Chris bathed him with love while singing songs—his greatest hit being “Ode to the Popocha.”

He had simple yet intense tastes: carrots, toast, sticking his head out of the car window. Sitting like Eeyore, living like a wise soul, he embraced every stage of life with grace.

Today, his spirit lives in every corner of our home and in every memory. Chucaracho was more than a pet. He was our little boy. Our heart on paws. Our love with whiskers.

Transcend in love, our eternal baby, our Cucaracho.
You were perfect.

— Thelma y Chris

Send a Message